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lunes, 24 de enero de 2011

Los efectos de la Masacre de Tucson por Helí Herrera

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Twitter:HELIHERRERA.es
La masacre ocurrida el pasado 8 de enero en Tucson Arizona, donde perdieron la vida 6 norteamericanos, y resultaron heridos 12 ciudadanos más, entre ellas la congresista demócrata Gabrielle Giffords, vino a desenmascarar el odio que el movimiento Tea Party ha sembrado en sectores de la sociedad norteamericana.


Este movimiento surgió en los primeros meses del año 2009 como respuesta a La Ley de Estabilización Económica de Urgencia de 2008, firmada el 3 de octubre del mismo año por el entonces presidente de los Estados Unidos George Bush, y al paquete de Estímulo Fiscal la Ley de Reinversión y Recuperación de Estados Unidos de 2009, firmada el 17 de febrero por el presidente Barack Obama.

A partir de esas fechas, el Tea Party ha utilizado las redes sociales para protestar contra las políticas fiscales de su gobierno, principalmente contra los impuestos, con el claro propósito de ganar simpatías y apoyos, y más adelante, realizando movilizaciones contra la ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible, promovida por el actual presidente norteamericano, que vino a reformar todo el sistema de salud que prohibía su acceso a los sectores sociales más desprotegidos, y que le daba ganar a las aseguradoras exorbitantes cantidades de dinero, lucrando con la salud de estos ciudadanos.

Esta determinación del presidente Obama hizo que los integrantes del Tea Party sacaron a flote, sin rubor alguno, la ideología que abrazan >ultra-conservadora<, y que iniciaran a partir de allí movilizaciones para atacar la reforma migratoria que el presidente y su partido, el Demócrata, habían prometido en campaña (al igual que la ley de salud), y se metieran de lleno en el pasado proceso electoral para renovar la cámara de representantes, parte del Senado y algunas gubernaturas, a favor de los candidatos del partido republicano, que habrá que decirlo, en mucho ayudaron para sus triunfos, mismos que le quitaron el control al presidente Obama y su partido en la Cámara de representantes.

Ya con esta nueva composición en la Cámara Baja, la mayoría republicana desecho la Ley de Salud la semana pasada, que en estos momentos se encuentra en el Senado norteamericano para su ratificación, que no se prevé debido a que allí los demócratas son aún mayoría, pero que de lograrlo afectaría a millones y millones de hombres y mujeres que se quedarían sin derecho a recibir atención médica gratuita, lo que define, insisto, su ideología ultraconservadora, a este movimiento que ha salido a las calles de ciudades fronterizas con México, a protestar contra los trabajadores mexicanos asentados en el Estado de Arizona y Texas.

Una de las líderes principales del Tea Party, sino es que la número uno como la califican allá, es la excandidata a vicepresidente de los Estados Unidos por el Partido Republicano en el pasado proceso electoral que perdieron, Sarah Palin, quien lleva meses encabezando mítines apoyando no solo la desaparición de la Ley de Salud, sino la no aprobación de la reforma migratoria, así como la de modificar la constitución estadounidense para evitar que los hijos de migrantes no sean considerados ciudadanos norteamericanos, a través de un discurso incendiario, provocador, que en mucho de los casos, como se denuncio a tiempo, alentaba a sus seguidores a recurrir a la violencia para detener el tráfico de migrantes latinos a los Estados Unidos.

Ese posicionamiento, en principio, la hizo colocarse en los cuernos de la luna en popularidad, alcanzando en las encuestas índices hasta del 80% que le despertaron el deseo de buscar la candidatura a la Presidencia de la República por su partido –el republicano-, razón por la que no abandono ese discurso belicoso donde el odio a los latinos era el motor que impulsaba su carrera política, sin percatarse que más temprano que tarde traería consecuencias funestas como la ocurrida el pasado 8 en la ciudad de Tucson, donde un loco seguidor de Palin,JaredLoughner, disparo a mansalva contra una multitud, y principalmente contra la congresista Gabrille Giffords que se oponía a esos posicionamientos derechistas y segregionistas.

Tras la masacre de Tucson, la exgobernadora de Alaska Sarah Palin se ha convertido en una más de sus víctimas colaterales. Su airada reacción y su intención de desmarcarse del atentado le esta costando muy caro, dado que una amplia mayoría de ciudadanos ha cerrado filas al lado del presidente Barack Obama, para valorar positivamente la forma en que manejo la tragedia y atemperó los ánimos de la nación, alcanzando el mandatario una aprobación en las diferentes encuestas del 71%, mientras la popularidad de Palin se ha desplomado de manera vertiginosa, tal y como lo muestra la encuesta del periódico de mayor circulación en los Estados Unidos el USA Today, donde solo el 38% de los ciudadanos tiene hoy una opinión favorable de la excandidata a la vicepresidencia, mientras el 53% la rechaza abiertamente.

Para la mayoría de los analistas y algunas de las voces más influyentes dentro del partido republicano >su partido<, tras el intento de asesinato de Gliffords, la exgobernadora solo ha dejado entrever su pésima calidad como material presidenciable y su escasa estatura de estadista.

Ya para que el líder histórico del sector neoconservador del partido republicano Newt Gingrich haya manifestado que “”Sarah tendría que tranquilizarse y ser más cuidadosa. Tendría que pensar antes de hablar y cuidar la forma en que dice las cosas, dado que su error de calculo la ha descabalgado de su eventual nominación a la candidatura a la presidencia de la república””.

Los efectos de la masacre en Tucson indudablemente alcanzaron a una de las líderes del movimiento racista Tea Party. Lo importante hoy sin embargo no es que la ex compañera de fórmula del candidato a la presidencia de los Estados Unidos por el partido Republicano John McCain este pagando el precio de sembrar odios entre el pueblo norteamericano, sino que la sociedad misma de esa naciónentienda que su país requiere de una convivencia sana, equilibrada, armónica, legal y humana.

Que no se repitan mas tucsonazos como para que los norteamericanos entiendan que el odio genera violencia y, en consecuencia, destrucción del tejido social.

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